Patty y el amor
Día tras día ¡tantas veces! me he ofrecido a este maridito mio tan necesitada de sus caricias… Hoy sin embargo, han cambiado muchas cosas y lo que busco es hacer el amor con Damián insaciable y ardientemente. Cualquier momento y lugar me parecen bien. Me siento llena de vida, más viva de lo que nunca me he sentido. He pasado los últimos meses viendo cómo de rozar la depresión, he ido recuperando la alegría nuevamente. He cambiado de trabajo y me veo más guapa que nunca.
No puedo olvidar aquella mañana de domingo.
Cómo insistía a mi marido sobre las necesidades de una mujer y en cómo dio por terminada la discusión escribiendo una nota en la que me daba permiso para tener relaciones con quien quisiera: “Yo Miguel Cano, autorizo a mi mujer Patricia a practicar sexo con el señor del butano”. Eso me hirió tanto que fui directamente a ponerme bajo la ducha para calmarme y no armar un escándalo delante de nuestros hijos. Al salir del baño me había dejado la nota bien a la vista y ahora además, firmada de su puño y letra. Damián, el hombre más maravilloso que he conocido nunca, me repite: -Todo esto que te sucede es fruto de la envidia de un macho inmaduro o simplemente ocurre que, tu marido es homosexual.
Pensando en Damián paso estas horas de la noche, siento que me arde el corazón y nuevamente el sexo. Después de cada fugaz encuentro con él me ducho enseguida al llegar a casa y luego me acuesto desnuda, el olor de su semen me persigue intermitentemente. Es curioso que después de tantos años ahora, más cerca de los cuarenta que de los treinta, se despierten estas ansias locas en mí, nunca antes me había sucedido, que extraño. Nunca antes me había enamorado.