Patty y el dragón
No soy lesbiana y por ahora tampoco entra en mis planes acabar siéndolo. Pero Patty es más que todo eso. Morena y menuda, tras sus gafitas de profesora esconde un espíritu de pantera que guarda secretos que comparte sólo con la luna. Mujer exquisita como ninguna, elegante hasta cuando con timidez queda desnuda, le gusta depilarse completamente el sexo y rociarse con Chanel. Gracias a ella reconozco que amar es abrir el corazón al mar.
Mi queridísima Patty se casó sin estar enamorada.
Por el contrario Miguel se enamoró de ella al escucharla por la radio en la noche; fue tal el flechazo que insistió hasta que ella claudicó por cansancio. Sin la menor duda Patty era la princesa motorizada que él esperaba.
Pero quien lo iba a imaginar, ese amor de adolescente, hoy ha quedado varado en la playa del niño mimado que juega a ser informático. Miguel ha pasado de ser el príncipe que Patty no necesitaba, a convertirse en el dragón indiferente que celosamente la retiene por comodidad.
Y hoy todo está a punto de cambiar.
Espíritu de niña en el cuerpo de una mujer, Patty se ha enamorado de verdad. Perdidamente enamorada, ha tenido que ponerse al día a toda prisa mirando pelis porno mientras plancha frente al televisor. Por eso me pide de tanto en tanto que le cuente hasta el más mínimo detalle de lo que he vivido.
Algo que no ha sentido hasta ahora, mientras pasan los días y su marido ni la toca, la empuja a imaginarse retozando entre naranjos. Sueña que su caballero justiciero irrumpirá sin avisar en la alcoba, obligará al dragón a tragarse tanto desprecio y se la llevará para empezar felizmente de nuevo.
Comienza a sentir -supongo- que ser mujer es más de lo que una se ha propuesto ser.
Cuando me explicó cómo imagina que su caballero la arrebatará del dominio del dragón, las braguitas me quedaron tan empapadas que no he podido dejar de pensar en ello hasta empezar a ponerlo por escrito…
